miércoles, 30 de octubre de 2013

Tres poderes del Estado debieron dedicar recursos y saberes para que un solo grupo se adecúe a derecho...

Por Diego Jaimes

El Estado, la sociedad civil y la movilización popular

El flamante fallo de la Corte Suprema de Justicia en torno a la constitucionalidad de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual pone de nuevo en marcha la posibilidad de aplicación total de la norma y abre el camino, no solo para que el grupo de medios más influyente cumpla con la ley, sino también para continuar con el proceso social y colectivo de democratizar los medios de comunicación.

El 29 de octubre de 2013 quedará en la memoria de nuestro país como el día en el cual el Estado hizo valer su rol como ordenador de la sociedad frente a las corporaciones económico-mediáticas. Tres poderes del Estado, que representan de distintas maneras la soberanía popular, debieron dedicar recursos, saberes y equipos técnicos durante varios años para que un solo grupo de medios -el más influyente de la Argentina- se adecúe a derecho.

El Poder Ejecutivo nacional, a través de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, presentó en marzo de 2009 el proyecto de ley que se propuso reemplazar al viejo decreto-ley 22.285, escrito a sangre y fuego por la dictadura militar. El Poder Legislativo se expresó claramente, a partir del acuerdo de distintas fuerzas políticas, y votó ese proyecto por amplia mayoría -con importantes modificaciones- tanto en la Cámara de Diputados como en la de Senadores pocos meses más tarde. Y la máxima expresión del Poder Judicial -la Corte Suprema de la Nación- confirmó la constitucionalidad de todos y cada uno de los artículos de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, luego de cuatro años de intensa disputa en el plano jurídico.

Pero también la sociedad civil jugó un rol preponderante en este proceso, cuando desde las radios comunitarias, los sindicatos de trabajadores de la comunicaciónn, los pueblos originarios, las universidades públicas, los organismos de derechos humanos, los artistas y músicos independientes -entre muchos otros actores sociales- elaboraron los “21 puntos por una Radiodifusión Democrática”, que sirvieron de base para el texto de la Ley más discutida de la democracia. La que se elaboró con mayor participación popular. La más fundamentada y comparada a nivel internacional.

La reciente decisión de la Corte sorprendió a todos, que esperaban un fallo “salomónico”, que mostrara una Corte equidistante de los actores en juego. ¿Por qué dos días después de las elecciones de medio término? ¿Hubiera sido el mismo fallo con otro tipo de resultados electorales? ¿Quién imaginaba un fallo tan favorable a la Ley? ¿Fueron las audiencias públicas -en las cuales Clarín mostró sus argumentos más débiles- la instancia determinante para esta decisión?

¿Toda la Ley trata sobre la adecuación de Clarín? No, por el contrario, otra veintena de grupos que se exceden en su cantidad de licencias deben desprenderse de las que le sobran adecuándose a derecho. Pero todos ellos han presentado sus propuestas a la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual -AFSCA-, organismo de aplicación de la Ley, en tiempo y forma. Sólo Clarín no lo hizo, y este mecanismo de negación frente al Estado hoy se le puede volver en contra, ya que es posible que se el mencionado organismo actúe de oficio, eligiendo de qué licencias debe desprenderse.

Pero la Ley no solamente se propone acabar con la concentración del mercado, sino también -desde un enfoque de la comunicación como derecho humano y no como mero negocio comercial- impulsar la pluralidad de voces, es decir, que nuevos actores sean sujetos legales de comunicación. Y no solo los nuevos, ya que entre estos actores están decenas de radios comunitarias que nacieron fuera de la ley dictatorial a fines de los años ochenta y aún esperan obtener su licencia. Pero también los medios de los pueblos originarios, de las escuelas primarias, secundarias y de institutos terciarios, de las pequeñas y medianas empresas que apuestan por el mercado local, de los municipios, las universidades, que vienen constituyéndose como productores de nuevas miradas, relatos y versiones de las realidades que no son del interés de los medios de las grandes ciudades.

¿Qué pasará en el día después de este 29-O? Los grupos que no cumplen con la Ley deberán adecuarse. Pero también será necesaria una fuerte dinámica social y política para poner en marcha la totalidad de los artículos de la normativa: los que refieren a la desmonopolización, pero también los que fomentan económicamente a los medios comunitarios y populares, los que definen la necesidad de un Plan Técnico para ordenar las frecuencias, los que promueven la producción de contenidos locales y la música nacional e independiente, los que promueven la equidad de género y el respeto por los derechos de la infancia y las personas con discapacidad, los que permiten ampliar con fuerza y consistencia el mapa comunicacional, donde sean muchos y diversos los actores -privados, comunitarios, públicos- que estén habilitados para ser sujetos legales de comunicación. Para esto, será clave no solamente la imprescindible gestión del Estado sino también la movilización popular, ésa que comunica en la calle, en el territorio, en la organización de base, escenarios donde la comunicación y los medios pueden lograr un fuerte impulso, aunque no sean acciones que cotizan en Bolsa.



Publicado en el portal de Telam el 30/10/13 . escrito por Diego Jaimes

martes, 24 de septiembre de 2013

Delivery Spinetta

Otra vez, Delivery Spinetta sonando de 21 a 23 hs por ChimanRadio, un Programa que hacemos entre todos, tenes que estar...


viernes, 2 de agosto de 2013

Si Tan Solo entendieras...

Cuando estés dispuesto a RENUCIAR que el estado te subsidie la Universidad a la que asistís, el gas Natural de tu casa, el combustible de tu auto y el transporte común y/o aéreo por el que viajas, entonces recién ahí y solo ahí exigí que un niño no cobre la asignación Universal, que un adolescente no reciba su Netbook, que un desempleado no perciba un plan social y que un abuelo no se jubile por que trabajo toda su vida en Negro.
Dicen que, quien menos tiene mas solidario es, debe ser verdad, al menos jamás se ha visto un cacerolazo de personas de bajos recursos reclamando que con el impuesto al IVA que ellos pagan, no se subsidie la universidad a la que NO asisten, El gas Natural que no usan, el combustible del auto que No tienen y el transporte Aéreo por el que no viajan.

 Si tan solo entendieran que los mayores subsidiados no son los pobres, quizás quien sabe, hasta podrían sentirse agradecidos…

 Extraido de la web, autor Anonimo

lunes, 29 de julio de 2013

Una campaña sincera

Por Eduardo Aliverti
Hay quienes se manifiestan sorprendidos por el bajísimo nivel que muestran, si no todos, la gran mayoría de los spots de campaña lanzados esta semana. ¿La sorpresa no sería que sucediese lo contrario?
En líneas generales, las críticas apuntan al papel del ridículo en que caen fuerzas y candidatos. Algunas piezas son francamente desopilantes en ese sentido, al punto de tener que preguntarse si los creativos publicitarios sufrieron un ataque masivo de pereza o falta de ingenio. También cabe admitir que, por mayor inventiva de que pudiera disponerse, es imposible que el chancho chifle. En todo caso, sería exigible que, si no cae una idea, por lo menos no se incurra en el grotesco. Es preferible la reiterada insipidez absoluta de ciertas convocatorias, del tipo de “Juntos Podemos” y en el que confluyen Vilma Ripoll y el rabino Sergio Bergman; o de remarcar la necesidad de abrazar a un enfermo y sonreír, a poner gente grande como cocinera de menús políticos. O mostrar a una familia dividida entre Argen y Tina. Pero: tanto la bobería de juntar a no se dice quiénes para poder no se dice qué, como mostrar que estamos partidos al medio y que se cuenta con una fórmula mágica igualmente invisible, a fin de amucharnos a todos en el paraíso cual si la política no fuese el ejercicio del conflicto, responden a la misma concepción de no tener nada que decir que pueda decirse. El sociólogo Luis Alberto Quevedo subraya en torno de eso la profunda contradicción del generalizado mensaje opositor. Por un lado, llaman a la concordia nacional, a terminar con las diferencias de una vez por todas, a esa cosa insultante contra el sentido común que es estar a favor de la felicidad. Pero por otro, disparan que se trata prioritariamente de acabar con el kirchnerismo, de frenarlo a como dé lugar, de ignorar a la amplia porción de la sociedad que por los motivos que fueren continúa respaldando al Gobierno tras diez años de gestión. Ella o Vos, estamos hartos, cambiar el fracaso, parémosla, y tantos símiles, trazan un eje que excita lo imperioso de confrontar, bien al revés de lo pregonado. Los exabruptos de brusquedad u ordinariez que hay en el oficialismo, en cambio, son más excepción que regla. La línea propagandística del Gobierno no es la tontería de los llaveros de Moreno, objetivamente. Está asentada en mostrar gestión con Cristina a la cabeza y a partir de ahí se puede estar de acuerdo o estallar de bronca, porque la imagen de la Presidenta no suele generar términos medios. Justamente, también podría cuestionarse que esa centralidad es excesiva; que minimiza, sobre todo, a un encabezamiento de lista bonaerense necesitado, todavía, de mayor conocimiento público. Pero, en su conjunto, la campaña oficialista no es acusable de instalar difamaciones, ni de emplazar a choques frontales y fundados en el antitodo. Podrá ser imputable en otros aspectos. No en ése. ¿Qué diría, entonces, la lógica más estricta, si se le pregunta quiénes son los que verdaderamente portan un mensaje de odio o enfrentamiento?
El otro extremo son las ondas de amor y paz que tiene por único discurso el candidato principal del Frente Renovador bonaerense, y que, por esa vía aparentemente tan distinta, concluye en el mismo puerto de insustancialidad. Como se sabe, Mauricio Macri le pidió al intendente de Tigre que aclare si las fuerzas de ambos son aliadas, porque, según el alcalde porteño, la gente le pregunta si Massa “es o no de los nuestros”. Pocas horas después, Macri reforzó esas afirmaciones aunque agregó que tiene “la esperanza de que el massismo le ponga un límite al kirchnerismo”. Y Massa le contestó con una de esas frases que, más que de cuño propio, corresponden al evangelio de cómo dar vueltas sin decir nada nunca: “Nosotros armamos una fuerza política que tiene la capacidad de convocar a todos los sectores sin distinción, porque tenemos la vocación de abandonar las peleas del pasado para construir el futuro”. Una respuesta como ésa no merecería muchas consideraciones que digamos, aunque después habrá de volverse sobre si acaso la nadería no encierra toda una definición. Pero el resto es infartante. Hay candidatos del PRO en cerca de cuarenta listas de Massa (sí, cuarenta), en otras tantas localidades de la provincia, para que Macri le pregunte públicamente si son aliados y el tigrense le conteste que la lluvia es agua que cae del cielo. No conforme con eso, el jefe de la Ciudad deposita en otro la fe de que se pueda acabar con el kirchnerismo. Por idéntico precio, es el mismo otro a quien le reclama despejar las dudas en torno de si no es un kirchnerista encubierto. Como comedia de enredos es maravillosa. Y como observación política resulta dramática, al menos para quienes se pretenden desprevenidos acerca de qué representa Massa y de la ninguna vocación de (mayor) poder que tiene Macri. Si éste espera que el ex jefe de Gabinete produzca alguna enunciación impactante y que lo exhiba sin titubeos como el hombre de derechas que es, puede seguir esperando. El juego de Massa no pasa por ahí, ni de lejos. Y de manera análoga, lo que curiosa o no curiosamente algunos medios de la oposición denominan “centroizquierda” no irá más allá de machacar sin descanso contra la corrupción. Ese es su comienzo y final discursivo. Por fuera de eso, si es por propuestas, suena inaudito armonizar el ideario ideológico de Solanas –el histórico, claro– con el de Carrió; o vestir de progresista al votador de Capriles, quien ofrece como idea de “pacificación” una parrilla llena de chorizos.
Pareciera que la contienda se centra en los medios de comunicación y no en la lid de las elecciones propiamente dicha. Titulan que “en campaña, anuncian el reintegro de Ganancias del aguinaldo”. Y copetean que “lo hizo la Presidenta, en medio de la batalla electoral”. Pero no titulan que en campaña Macri inauguró el metrobús. Más aún, se exultaron sin empacho sobre el “éxito” de esa vía de transporte colectivo cuando recién se lanzaba. Es de desear que sea un éxito, desde ya y quede bien claro, porque implicaría una mejora en la cotidianidad de muchísima gente; pero no hay forma de justificar que se lo designe así, sin que medie un período de comprobación empírica. De ésas hay cantidades agotadoras en las páginas de los diarios, en los zócalos televisivos, en los portales, en los boletines radiofónicos. Enseguida, parecería eso de que es por los medios donde circulan los debates o combates auténticos. A juicio de este comentarista, que sea así –y vaya si lo es, desde el momento en que la agenda opositora la manejan corporaciones de prensa y algunos periodistas en particular, con su réplica en los medios oficialistas– no significa que en el terreno electivo no haya ideas. Hay y son las mismas, en verdad, sólo que presentadas de otra forma. Más solapada, quizá quepa decir, y a la par con una más alta o explícita caída en lo caricaturesco porque rige el sometimiento a tiempos y fraseología muy breves. O acaso será que sólo semeja todo eso. Quevedo sostiene que hay una frontera demarcatoria entre lo circulante por los medios y el global del resto de la campaña (que no consiste solamente en los spots de radio y tevé, por si fuese necesario aclararlo, sino en una totalidad de signos diversos). Sin embargo, agrega el sociólogo, esa raya divisoria actúa como sintonía complementaria. Los medios y colegas opositores, por la virulencia que despliegan en cantidad y calidad, son el primer frente de ataque gracias a su goteo o inundación permanentes de denuncismo y negatividad totales, despiadados. Y lo que se reconocería como campaña específica, técnicamente hablando –audiovisuales, afiches, recorridas callejeras, actos (muy pocos hasta ahora, dicho sea de paso), gestos de presentación y contestaciones en programas periodísticos y de entretenimiento, etcétera– podría apuntarse como “línea blanca”: candidatos que, excepto la izquierda “dura” y con Massa como expresión máxima junto a los satélites de otras fuerzas pero estilo similar, aderezan todo cuanto dicen mediante la advertencia de que el llamado de la hora es hacer amigos, dejar de pelearse, recomponer a los miembros enemistados de la familia y otros conceptos de similar profundidad. Es lo que el semiólogo Raúl Barreiros sindicó en las declaraciones publicadas ayer por este diario, al examinar el spot de Macri: “Lo importante es la sensación de que son un grupo de gente que se ríe, se abraza, se toca, como en los breves jardines de Londres. (...) Muestran la ‘calidad de gente que son’. Está esa idea de ‘quiero ser como eso’. (...) No plantean ni un programa breve de gobierno; ni siquiera intenciones que puedan ser pensadas como atractivas ideológicamente”.
En consecuencia, se da una suerte de paradoja. La impresión es que, en efecto, se trata de una campaña que esconde más que lo que muestra, porque casi ninguno se anima a desnudar sus verdaderas intenciones, so pena de favorecer al kirchnerismo si ostentan que le derrumbarían, inclusive, todo lo bueno que hizo. Pero en realidad, gracias a ese presunto vacío de ideas expresado en cuanta manifestación pública se quiera, lo que hacen es confesarlo abiertamente. Nunca hay vacío de ideas. Si te dicen que la política es unir, te dicen que van a unirse con los que no le traen ningún problema a los sectores del privilegio. Si te dicen que hay que cortarla con el pasado, te dicen que van a volver a él. Si te dicen que llames a los amigos que perdiste por la política para de nuevo comer choripanes todos juntos, te dicen que la política del Gobierno es darle choripanes a los negros que cargan en los micros.
Y si no te dicen nada, es que están diciéndote todo.
Publicado en pagina12 el 29/07/13